- Escribir un cuento y conseguir no meter un nombre de alguien que conozcas.
- Si lo metes, convencer a esa persona de que no habla de ella. Especialmente si no sabes mentir.
- Convencer a los que te conocen de que precisamente ese texto no es autobiográfico.
- Convencer a los que no que ese otro sí lo es.
- Olvidarte el personaje en casa cuando sales.
- Volver a encontrarle en el cajón cuando regresas.
- No poder usar la excusa de “se acabo la tinta” para salir a comprar en la era de Internet.
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