Gigas

No podía dejar de pensar en ella. La seguía discretamente a todo lugar donde iba, tomando fotos cada vez que le era posible: tenía ya varios gigas de su disco duro ocupados.

Un día se armó de valor y entró por fin en su casa. La revisó de arriba a abajo y se llevó algo de ropa interior de recuerdo. Entonces, cuando ya se iba, vio el computador.

No se resistió y se sentó frente a él. Apenas el sistema operativo terminó de arrancar, empezó a examinar su interior. No tardó mucho en encontrar la carpeta.

Allí, ocupando varios gigas del disco duro, estaban cientos de fotos de él.

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