Tradiciones

Era toda una tradición: debía golpear en la puerta para que el sonido de sus nudillos retumbase en la casa y en los huesos del interfecto como las campanas dentro de una catedral. Sin embargo, la tecnología, la tecnología… Una vez más, la tecnología.

La muerte se quedó mirando el portero automático: ¿qué tan ominoso podía ser un timbre?

Ataque

Apenas se enteraron de la declaración de guerra, los habitantes de la capital tapiaron las ventanas, hicieron acopio de víveres y corrieron a hacianarse en los refugios preparados especialmente para ello.

Todo sin saber que el ataque había comenzado tres días antes, justo cuando aparecieron las primeras cifras de muertos por aquella extraña gripe.

Y que era una guerra civil.