Tradiciones

Era toda una tradición: debía golpear en la puerta para que el sonido de sus nudillos retumbase en la casa y en los huesos del interfecto como las campanas dentro de una catedral. Sin embargo, la tecnología, la tecnología… Una vez más, la tecnología.

La muerte se quedó mirando el portero automático: ¿qué tan ominoso podía ser un timbre?

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