Expulsión democrática

Y entonces, votaron.

Los hongos del baño de aliaron inesperadamente con la comida caducada de la nevera y la mugre de debajo del sofá. El polvo de los armarios se abstuvo, como era su costumbre. Los chorretones de las cortinas tuvieron un momento de duda pero terminaron por unirse a la coalición. De los restos de chucherías debajo de la cama jamás se supo la opinión: debieron quedarse dormidos y no ir a las elecciones, como siempre.

Así, ya en el poder, se aprobó el decreto por cual le expulsaban sin derecho a reclamo alguno.

Él logró encontrar otro apartamento que ahora mantiene como los chorros del oro, pero todavía sigue pagando el alquiler de aquel de donde fue expulsado. Cada vez que compra detergente y desinfectante en el supermercado, se pregunta por que lo hace.

La respuesta siempre es la misma: no deja de ser parte de él.

Dificultades al escribir

  • Escribir un cuento y conseguir no meter un nombre de alguien que conozcas.
  • Si lo metes, convencer a esa persona de que no habla de ella. Especialmente si no sabes mentir.
  • Convencer a los que te conocen de que precisamente ese texto no es autobiográfico.
  • Convencer a los que no que ese otro sí lo es.
  • Olvidarte el personaje en casa cuando sales.
  • Volver a encontrarle en el cajón cuando regresas.
  • No poder usar la excusa de “se acabo la tinta” para salir a comprar en la era de Internet.

Los pequeños descubrimientos que le escapan a la ciencia

El portal dimensional más pequeño del mundo está en una esquina de mi cuarto. Mide un par de milímetros. Es frustrante.

El otro día escuché un discurso de Hitler por el agujerito. No sé si es un portal dimensional o temporal. Como sea dimensional, jodimos.

Me vino un recuerdo de la infancia. Cogí un alambre y lo metí por el agujero. Luego fui a la vieja caja de zapatos: allí estaba el alambre.

Luego descubrí que la caja de zapatos tenía otro agujero en la esquina: ¡mi casa estaba llena de goteras interdimensionales!

Me empecé a angustiar: ¿dónde habría más agujeros? ¿Vendría la plaga de hormigas de uno de ellos? ¿Crecerían esas hormigas?

Y sí, cuando alquilé el piso me avisaron de que tenía un problema de goteras, pero no imagine que fuera de este tipo. Con razón el precio.

¿Y los agujeros crecían? Nah, hubieran engullido… Un momento… ¿Y sí el universo era como un calcetín vuelto del revés?

Por precaución, decidí tapar todos los agujeros. Sí, bueno, un desperdicio para la ciencia pero paz de espíritu para mí.

El cocido

De vez en cuando, con mi yo de la realidad paralela 3551 intercambiamos puestos. En su mundo, él es un famoso cantante que vive una vida acelerada llena de lujos, promiscuidad y drogas, pero le gusta de vez en cuando refugiarse en mi monótona vida para escribir sus canciones en la tranquilidad de mi hogar, oliendo el aroma del cocido que viene de la cocina (es que mi señora lo prepara muy bien). Mientras, yo me despendolo con las fans más putas y con las sustancias más alucinógenas.

Yo creía que aquello me salía muy barato, pero tras el empacho de tetas me he dado cuenta de que lo que es caro es el cocido.